jueves, enero 29, 2015

Como todo lo extraordinario.

Y de repente me encuentro disfrutando una maravillosa comida y uno de esos tantos  sujetos que habitan en mi interior dice:

- Si me tocara compartir, vivir con Aylan, terminaría odiándole y repudiándolo de mi vida.

- Como así? - pregunto otro sujeto que pasaba por ese espacio e instante de mi interior.

- Bueno, si quieres que entremos en detalles ocurriría de la siguiente manera – respondió el primer sujeto en cuestión – Al conocernos quedaría encantado y prendado ante las tantas similitudes, interés en común, chispa, el hacerme sentir que no soy único y aislado en el mundo, puntos de acuerdo a pesar de tener a todos los demás en contra (como si fuéramos los únicos capaces de ver las cosas como realmente son), atenciones, detalles que nadie jamás sospecharía que me harían sentir especial, feliz, querido.

- Pero eso es lo que cabría esperar sin lugar a dudas, no veo el porqué de tu pesimismo.

- Cierto, pero luego se iría acostumbrando, cayendo en la rutina de tantas similitudes, muriendo los detalles, bajaría la guardia e iniciarían los defectos a salir a flote, la falta de atención, cuidado y esmero, ya no le importaría que sea todo siempre lo mismo, se molestaría con la contradicción de siendo tan parecidos como le repente saltaban cosas tan absurdas, querría guiar todos las decisiones, la inmensa molestia de no reaccionar a determinadas situaciones como esperaba, hasta que al fin hastiado, mandaría todo al carajo.

- Uf si, muy fuerte. Y si ni siquiera con nosotros mismos, entonces qué?

- Esa, mi pasajero sujeto, es la pregunta.


Aylan Est. Feliz.

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